Rosendo y José Carlos Molina grabaron un single de Ñu

Madrid Rock y aquella firma de Rosendo en el single de Ñu

Por Trenca

Las tiendas de discos son esos lugares en los que la música atraviesan nuestras vidas”. Una nueva celebración del Día de las Tiendas de Discos es la excusa perfecta para invitar a la Antropóloga Social Débora Ávila a que comparta sus recuerdos de adolescencia en los que acudía a la mítica Madrid Rock al encuentro con leyendas del rock mundial o español como Iron Maiden, José Carlos Molina de Ñu, Ramones, Aerosmith o Rosendo. Con el de Carabanchel tuvo un simpático lance que desvelará posteriormente.

Bruce Dickinson con melena firmando a Débora Ávila.

Nos encontramos en la primera mitad de la década de los 90. La avalancha promocional a través de redes sociales e Internet de eventos musicales que vivimos ahora, tenía en esos años casi una única vía de difusión. “De las firmas de discos me enteraba en los programas nocturnos de radio, a los que recurría cuando costaba conciliar el sueño. Oía el Basa Rock de Rafa Basa y Disco Cross de Mariano García. Eran mi fuente de actualidad musical. Y cuando anunciaban una firma de discos, cundía mi nerviosismo; sobre todo pensando si me iban a dejar a ir mis padres ya que por aquel entonces tenía 14 ó 15 años”, señala Débora.

Para todo hay una primera vez y su experiencia iniciática de conocer a los músicos que idolatraba comenzó con Ñu. “Entiendo que podrías pensar que mi primer gran recuerdo fuera conocer a una rockstar internacional pero yo estaba muy pillada por el rock de aquí. Ñu y Rosendo eran mis dos grandes grupos del momento. Anteriormente había escuchado el anuncio de otras firmas y no me planteé ir pero cuando escuché la de José Carlos Molina… Por tener esa firma me peleo con mi madre o quien haga falta”, bromea la doctora en Antropología Social.

Aquarius y gafas de sol para aguantar una maratoniana firma de discos.

A partir de entonces la asistencia a la tienda situada en la Gran Vía madrileña para conseguir autógrafos “se convirtió en algo cotidiano. Solían celebrarse el día de antes del concierto y lo vivía como una pre fiesta en la que tus ídolos se hacían carne. Luego cuando les veías sobre un escenario recuperaban su aura de semidioses y a mí venían a la mente los segundos que había estado con ellos, la mirada que había compartido o un par de besos, que eso para una adolescente era como ¡Guau!”.

Débora recuerda con tanto cariño el ambiente que se creaba mientras le llegaba el turno como el instante de la firma. “Había un sentimiento de comunidad y de fiesta. Me viene a la mente por su similitud cuando vas a la montaña y saludas a los montañeros que se cruzan en tu camino. Conocías a mucha gente y las esperas no eran tediosas porque compartías experiencias, ‘¿les han visto alguna vez en directo?’ ó ‘¿qué te parece el ultimo disco?’”.

Sin embargo, cuando esa comunidad de melómanos con alguna litrona en la mano era muy numerosa “crecía en mi la tensión por si me daría tiempo a alcanzar a los artistas o me tendría que volver a casa y”. También con la experiencia, esta melómana empezó a utilizar trucos. “Siempre iba con amigas, cuantas más mejor, aunque no les gustara el grupo o el artista, ya que así podíamos tener más discos, pósters etc. firmados y para prolongar ese momento mágico con ellos”.

Y tras atesorar LPs firmados y más objetos de memorabilia ¿Cuál podría ser su tesoro más preciado? “Tenía el primer single de Ñu con las canciones Que nadie escape de la evolución / Volando en sociedad. Es el único que José Carlos Molina grabó con Rosendo antes de que éste abandonara y formara Leño. Lo compré en una feria de coleccionistas gastándome una pasta gansa. Mi sueño era que lo firmaran Molina y Rosendo”.

Continúa, “cuando tuve la oportunidad de enseñárselo al primero, flipó, ‘¿cómo tienes esto si es imposible de conseguir y además tan joven? Después, se lo llevé en otra firma a Rosendo sin saber las rencillas entre ellos por la autoría de canciones. Lo vio, frunció el ceño y me dijo ‘porque eres muy joven y muy linda que si no, no te lo firmaba ni de coña’”.

Febrero de 2005 fue un mes triste para todos los melómanos de Madrid, el templo de la venta de discos de la Gran Vía echaba el cierre. “Cuando cerró Madrid Rock para mí fue un momento simbólico que cerraba una etapa. Yo me había separado del heavy – rock y abierto a otras músicas. Fue un duelo, un darme cuenta que ya no vivo la música de una manera tan pasional, sin fantasear con esos momentos en los que tus ídolos atravesaban tu vida”, sentencia Débora.

Publica un comentario