DE VERGÜENZA TORERA A ESCALDE Y TRINCHERA: EVOLUCIÓN SOCIOPOLÍTICA DE ESPAÑA DE 2011 A 2017 REFLEJADA EN LOS DOS ÚLTIMOS DISCOS DE ROSENDO

Por Jubón
Fotografías de Óscar GM

San Rosendo Mercado, Mártir de Carabanchel. Líbranos del perreo ¡Amén!

Hay algo urgente en el último disco de Rosendo: en sus letras, en su música, en su sonido, en la forma de publicarlo… Una presencia que sobrevuela todo el disco y su contexto. Algo insondable, imposible de identificar. Y, sin embargo, urgente. Histérico, casi. Pero no empecemos por el final. Empecemos por el principio. Y eso, en este disco, no es el primer tema. Es el disco anterior.

Quizás lo primero que llama la atención sea el sonido. Ya en Vergüenza torera era fácil ver un cambio en esa manera de sonar, el principio de una huída hacia otros puertos más eléctricos de los que venía frecuentando desde que la formación se convirtió en un trío a finales del siglo pasado. Ese camino se completa en De escalde y trinchera, convertido desde su potente apertura en un disco de rock guitarrero sin muchas concesiones a contratiempos y demás arreglos menos ortodoxos. Una guitarra que no teme doblarse y una batería sin vergüenza de bordones se acoplan a la perfección a ese alma rockera que siempre garantiza el bajo de Rafa J. Vegas, para conseguir volver a unos orígenes que llevaban tiempo intentando despuntar.

Sí, la música ha evolucionado y mucho. Pero, como ocurre siempre con Rosendo, el poeta eclipsa al músico. Y es que ese cambio de sonido no es más que un estertor superficial de otro cambio más profundo. Un cambio de actitud. Un cambio de contexto. Un cambio de sensación. Sobre todo, un cambio de espíritu.

“Deja de cacarear”, te lo dice Rosendo.

De escalde y trinchera es, sencillamente, la continuación de Vergüenza torera. Y lo es sin tener (o lo es por no tener) nada en común con su predecesor. En esa calidad mágica de metáfora absoluta en que la discografía de Rosendo se vincula al momento histórico que vive el país, son dos discos antagónicos que, sin embargo, no pueden entenderse el uno sin el otro. Miren los años de publicación de uno y otro y díganme qué ha cambiado en España ¿Qué ha cambiado en ustedes?

Por qué hemos pasado de “Veo en tu mirada una tempestad / Siento que no hay límite, ni fin, ni condición / Declarado en rebeldía con autoridad / Rostros empapados en determinación ” a “Insigne la cruzada, extinta la escisión / la mansedumbre esta garantizada / Dejando en la estacada el sueño y la intuición / la conmiseración, ¡qué bufonada!, para seguir igual.”

La distancia de Vergüenza torera a De escalde y trinchera es fácil de medir. Cada uno, seguramente, la pueda medir en su propia experiencia vital. Es la distancia que separa la ilusión del desamparo. La distancia que hay, bajemoslo todo de una vez a la tierra, entre el 15M y cualquiera de estos días de mierda que volvemos a vivir. Por mi parte, pocos me pusieron voz como Rosendo me la puso entonces, y nadie me la pone como él lo hace ahora.

Y qué hay de urgente, me dirán. Qué de histérico. Bueno. Es otra historia. Sólo les pido que escuchen el tema que cierra el disco. Y, por favor, que me digan que estoy equivocado. Que no se ha acabado todo. Y, si es que no pueden decírmelo, al menos me den un abrazo.

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