THE WATERBOYS Y LOS RECUERDOS

POR GABARDINA

Vengo del concierto que los Waterboys han ofrecido hace unas horas en La Riviera, aquí en Madrid, y quería compartir mi noche con el Chambergo. La música del grupo de Mike Scott acompaña bastante bien esos momentos en los que los recuerdos vienen a la mente y te pones un poco melancólico. Busco la definición de la palabra melancolía en el diccionario para saber si la uso en el sentido que la quiero usar: tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada. Parece que la R.A.E. no le da el sentido que yo le suelo dar a esta palabra, no, yo no tengo esa sensación de tristeza de la que habla el diccionario. Yo hablo de recuerdos, o cebollitismo, como lo queráis llamar.

Salgo de la parada de metro de Puerta del Ángel, hace frío, bastante frío y según voy cruzando el Puente de Segovia para llegar a las puertas de La Riviera he ido recordando los puentes que he ido cruzando durante mi vida. Pensaba en mis días vividos en Gante y como mi bigote acababa mojado por la humedad y según llegaba al final del puente y he visto los camiones y autobuses del grupo, no he podido evitar pensar en la visita de PARCA a este mismo lugar hace unas semanas horas antes del concierto de los Pixies. Luego he pensado, ¿cuándo fue la última vez que estuve en La Riviera? No lo he recordado en el momento pero ahora lo recuerdo; el concierto de Ben Harper de hace más o menos 10 años del que recuerdo al genial Marc Ford a la guitarra y una gran versión del War de Bob Marley. Llego pronto a las puertas de la sala y, mientras espero a entrar, pienso en lo que voy a ver. Nunca he visto ni escuchado un concierto de los Waterboys y mi única referencia es la que tengo de sus discos. Es un grupo veterano, con sus discos más famosos grabados en la segunda parte de la década de los ochenta. De hecho, la gira tiene el nombre de Fisherman’s blues revisited y vienen casi con la misma formación que tenían cuando grabaron su disco mas cercano al folk, Fisherman’s blues, entre 1986 y 1988. Me viene a la mente las veces que he hablado con CHAQUETÓN de lo que podríamos llamar dicotomía entre dinosaurios del rock o vejestorios sobre un escenario (con la siempre excepción de Neil Young, por supuesto). Disipo rápidamente mi duda, no son tan mayores, seguro que siguen en forma. Y tenía razón en dejar de dudar, en esto y en lo que venía pensando respecto a cómo habría llegado el sonido de las canciones de sus discos mas ochenteros a nuestros días. Ningún rastro de ese sonido. De hecho, Mike Scott, a las pocas canciones de comenzar el concierto, se ha puesto también a recordar. Decía que hace 27 años (la mitad de su vida, ahora tiene 54) buscaba su sonido pero estaba inmerso en esa época de sintetizadores y voces como si tuvieran acento alemán (o algo por el estilo) y que él lo que quería era sonar como Hank Williams en 1951.

Mike Scott en la actualidad.

Mike Scott en la actualidad.

El concierto, maravilloso. Sabía que me iba a gustar según han empezado a sonar los primeros acordes de Strange Boat con Mike Scott en solitario y han ido entrando los demás instrumentos, uno a uno a lo largo de la canción. Primero el violín de Steve Wickham, después la harmónica del multiinstrumentista Anthony Thistlethwaite (perfecto su trabajo con la mandolina y el saxofón) y finalmente el bajo de Trevor Hutchinson. Les acompañaba a la batería Ralph Salmins cerrando así la formación de esta noche. A parte de tocar clásicos de la época como los obligados y coreados Fisherman’s Blues, Whole of the moon o Don’t Bang the drum (genial versión sin batería)  han ido sonando grandes versiones de otros artistas como el Girl from the north country de Bob Dylan (no he podido evitar pensar en la versión junto a Johnny Cash), el Sweet Thing de Van Morrison que ha terminado con los versos del Blackbird de los Beatles (gracias, CUCLILLO, por la observación, nunca me había dado cuenta) o incluso el tema tradicional Raggle taggle gipsy (esta vez recordando a mis queridos Planxty). Sí, ellos también hacían su viaje de recuerdos musicales. Al final, poco más de dos horas de concierto que han parecido mucho menos. No tengo fotos ni vídeos de la noche así que me quedaré con las sensaciones y pensamientos que he tenido durante el concierto aunque, al escribirlo, lo estoy fotografiando de alguna forma. Supongo que esto de escuchar y sentir cualquier tipo de música tiene mucho de recordar sensaciones y pensamientos pasados aunque, como le decía a ZAMARRA en alguna ocasión, la música folk irlandesa tiene un algo inexplicable que me lleva un poco más a dentro en mis recuerdos, eso que supongo que yo llamo melancolía. Ya sé que The Waterboys no suenan solo a música irlandesa, pero me hacen sentir esa misma sensación al viajar a través de mis recuerdos.

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