ETANOL, METANOL Y JAZZ EN STORYVILLE

POR TSI-NA-PAH

Las drogas en la música es un tema recurrente en muchas publicaciones. Por supuesto, es atractivo y tiene algo de seductor leer historias de nuestros héroes musicales prendidos de sustancias ilícitas para alentar su creatividad o para, simplemente, apaciguar sus demonios interiores. La droga existe desde que existe el mundo y la droga con la música es algo más que una historia de amor y odio: desde el éxtasis del chamán divulgando visiones del más allá que, acompañado de ritmos tribales, hacen alcanzar al oyente un estado de delirio y elevación del espíritu, hasta al testigo de un concierto de rock que ingiere cualquier sustancia con el propósito de conseguir una relación más estrecha con la música.

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Postal de Storyville, en Nueva Orleans.

Pero me voy a centrar a finales del siglo XIX : el nacimiento del Jazz. Es curioso que, por aquel entonces, en el sur de los Estados Unidos, cuando los negros tenían ya derechos como ciudadanos libres gracias a la guerra civil que enfrentó al norte con el sur, se tramase una artimaña para convertir al negro en drogata, violador y malhechor. El objetivo era conseguir una nueva percepción racista sobre ellos. Si además eran músicos y la miseria hacía que tuviesen que recurrir a cualquier cosa para olvidar sus penas, se echaban al gaznate lo primero que encontraban. Como, por ejemplo, los famosos canned heat. Era así como se llamaba al sterno, un combustible para cocinar que los pobres alcohólicos empleaban como sustituto del alcohol. Consistía en una gelatina hecha de etanol, metanol y agua, con un tinte olor rosa, por lo que algunos lo conocían con el nombre de pink lady, old jelly o squeeze. Ya en 1930 se empezó a hablar de una extraña epidemia apodada  jake leg, que no era otra cosa que un problema neurológico caracterizado por un debilitamiento de los brazos y las piernas, llegando muchas veces a causar una parálisis. Esta infernal plaga se debía al abuso de estos derivados de alcohol. La mayoría de los blues man consumían cualquier cosa que cayese en sus manos, desde una simple e inofensiva cerveza a abrillantador de calzado o alcohol de masajes. La ceguera, úlceras, delirios y una larga lista de consecuencias eran el resultado de dicho consumo.

Por otro lado, durante algunos años, se hicieron muy populares los medicine shows, que todos conocemos a través de las películas, donde charlatanes colocaban a la población más analfabeta pócimas que, en teoría, lo curaban todo. Dichos tónicos contenían una considerable cantidad de cocaína y los propietarios de las plantaciones no tardaron en percatarse de que, con aquel brebaje del demonio, los negros trabajaban más y comían menos. Qué mejor que proporcionarlo a precio ridículo con el efecto y resultado de asociar droga con comunidad negra y presentar la música derivada de dicho colectivo como algo que emanaba de lo demoníaco y lo salvaje.

Farewell to Storyville, Billie Holiday & Louis Armstrong (fragmento de la película “New Orleans” de Arthur Lubin)

En esos años, New Orleans era la cuna del pecado, la Sodoma y Gomorra del nuevo siglo: prostitución y droga atiborraban la ciudad hasta tal punto que se tuvo que delimitar un “distrito del vicio”. El mítico Storyville nació en 1897 para concentrar todo lo turbio en un espacio confinado y, como consecuencia, atestado de maleantes, estafadores, busconas y fulanas de todo tipo. Pero claro, para quitarle el aura de sordidez y darle un lado jovial, distraído y placentero, se necesitaba la música. Por ello, en aquellas calles de Storyville fluía el blues, el ragtime y las big bands. Estaba mal visto tocar en dicho distrito,  pero, seamos realistas, era una buena forma de ganar dinero. De esa amalgama, del desenfreno e inmoderación de sonidos, razas y diferentes nacionalidades brotó el jazz.

A visit to Storyville

Por todo ello, ser músico de jazz o de blues era sinónimo de ser un pervertido y un drogadicto,  eso sí, únicamente si era un músico negro. Afortunadamente, años más tarde, películas como El Hombre del Brazo de Oro, de Otto Preminger, contribuyeron a que la gente viese también a un yonqui de piel blanca interpretado por Frank Sinatra.

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