Banda de Sevilla liderada por Miguel Rivera

Maga Live @ Ocho y Medio Club

Por Bomber & Blazer
Fotos de Biker

 

El pasado 23 de noviembre de este languideciente 2018 la banda sevillana Maga se despedía de la prolífica gira de su sexto larga duración Salto Horizontal. La última cápsula de magia proporcionada por el grupo de Miguel Ribera tenía lugar un viernes de otoño, en la cada vez más mítica sala But (Ocho y Medio para la ocasión). Tras las citas en Sevilla, Granada y Barcelona, el circo Maga llegó a Madrid con ganas de agradar a un público deseoso de sorber las oníricas melodías del, esa noche, septeto sevillano.

Allí se dieron cita alrededor de un millar de fieles entre los que centelleaban algunas canas y reflejos brillantes sobre cueros cabelludos, a menudo, desprovistos. Por supuesto, también había una expectante colonia de indies millennials que se lanzaron a la piscina de la música de sus antecesores de tribu y que, como es de suponer, no salieron decepcionados.

Paso a paso y con una puesta en escena intimista, que incluía atril en el escenario para el arte de María Hesse (“ilustradora de sensaciones”), la banda fue desgranando el fruto ya más que maduro de su último disco. En un primer bloque sonaron: “Domingo”, “Cuando nadie me escriba”, “Esmeralda”, “Incendios a merced del viento” y “La casa en el número 3”, que aparejó un sentido homenaje a “Velintonia”, residencia del genio Vicente Alexandre en Madrid y para la que Miguel se encargó de reclamar una “miajita” de atención.

 

Maga para trío de cuerda e ilustradora de sensaciones.

 

Después vino “La noria”, “Por las tardes en el frío de las tiendas” y la enigmática “Piedraluna” que, con la aparición estelar de Xoel López, sonó al unísono en una combinación de voces fuertemente aplaudida. Cambios en la fachada de casi todos los temas, con cuidados arreglos de cuerda para muchos de ellos a cargo del músico sevillano Joaquín Calderón, fueron apareciendo en “Orden y concierto”.

Entre un chelo y dos violines, “De plata” sonó inmensa hasta dejarnos oler volantes de espuma de playa gaditana. En pleno clímax llegó la nostalgia y se apoderó de los miembros de la banda que, con la cadencia narrativa de Miguel, terminó por contagiar a todos los presentes. Hasta “Supertube” (nombre primigenio del grupo) salió a colación y los antiguos cacharritos electrónicos de Miguel y Javi Vegas hicieron el resto. Cajas de ritmo, un Moog Prodigy analógico y el ya jubilado de oro Casiotone se juntaron para rescatar el bendito sonido retro-añejo de Maga. Al final, tres temas de la primera época, incluido el mítico “Piel de Astracán” en cuya letra se escucha claramente, como si de una psicofonía se tratase, la palabra “Maga”, herencia perenne de Cortazar y su “Rayuela”…

Con “Báltico” el dibujo de María pareció cobrar sentido y sus manchones de color se envolvieron en los trazos firmes de su mano. Fue justo después cuando Miguel nos habló en “Silencio” del porqué de su letra y música engarzada un cautivo domingo de ramos en Sevilla.

Y aunque todos los asistentes intuíamos el final, no lo queríamos creer. Señales como el dibujo cada vez más definido de María y los primeros acordes del el binomio soñado “Diecinueve” y “Agosto esquimal”, ponían patas arriba la sala y reanimaban nuestras esperanzas de que la Maga seguirá vivita y coleando por mucho más tiempo…

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