DEPRESTON

POR ZAMARRA

*Relato inspirado por la canción de Courtney Barnett, Depreston

Una sacudida le recorre el cuerpo mientras observa fijamente la lámpara de papel comprada hace unos años en Ikea. El salón está lleno de cajas que inundan la habitación y acentúan ese sentimiento sofocante que le está oprimiendo el pecho. “No necesitaremos esa vieja lámpara, ya no somos estudiantes” retumba en su cabeza. Una luz hermosa penetra en la amplia sala y se refleja en la tarima flotante, perfectamente pulida y barnizada. Las ramas de los árboles se agitan en el exterior y ofrecen un aspecto desasosegante al exuberante jardín. La casa es amplia, el patio es amplio y el barrio goza de todos los servicios. “Son solo 30 minutos en coche al centro y 40 minutos en tren”. Espacio por todos lados, ¿en qué momento ha decidido que necesita espacio? Sale a la puerta, observa el exterior y, rápidamente, se mete en la cocina donde se hace un café en la flamante Nespresso recién adquirida en la tienda de electrodomésticos del enorme centro comercial. “La casa ha sido un regalo, con la crisis, los precios están por los suelos”. La verdad es que sí, la hipoteca les ha salido tirada y es una tontería pagar esos alquileres desorbitados por un cubículo mal acondicionado en el centro. La calidad de los materiales es excelente “olvídate de esas paredes que hablan, de esa persona que pone a Bruce Springsteen a volumen wagneriano o del vecino que te saluda a medio metro desde su cocina”.

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Mañana es la gran fiesta de bienvenida, las tortillas y los filetes rusos van a estar en su punto y nos vamos a emborrachar desde mediodía. La lista de reproducción contiene guiños a todos los amigos, aunque sabe que a la mínima, y cuando el alcohol empiece a subir, los mandos serán compartidos por una manada de energúmenos dispuestos a poner a Paulina Rubio. “Todo el mundo va a poder aparcar sin problemas”. Si alguno bebe más de la cuenta siempre puede quedarse a dormir en una de las habitaciones de invitados y “cuando haga mejor tiempo, qué grandes barbacoas podremos organizar”.
Los últimos invitados se marchan, la reunión ha sido un éxito y, por supuesto, la tortilla no ha quedado bien cuajada “¿Por qué pones esa cara?, si no te gusta esta casa, en cuanto tengamos dinero, la tiramos y la reconstruimos a nuestra medida”.

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1 Comentario en DEPRESTON

  1. ¿Por qué Munch?

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